4 oct 2009

Clarín se llamó a silencio

Por Eduardo Anguita
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La diferencia entre un capricho y una decisión correcta suele ser la diferencia en la relación de fuerzas. En ese sentido, Clarín, acostumbrado a extorsionar y disciplinar legisladores, tuvo el poderío de evitar que el debate sobre los medios llegara al recinto. Jorge Rendo, director de Relaciones Externas de Clarín, tenía cita en el plenario de comisiones del Senado el viernes pasado para dar a conocer el punto de vista del monopolio.
Fue el mismo grupo Clarín el que pidió un lugar en las audiencias convocadas por las cuatro comisiones que analizaron el tema. Pero, a último momento, Rendo pegó el faltazo. Mandó una nota de aviso y punto.
El hombre que mandó faxes y correos electrónicos, videos, invitaciones a conversaciones reservadas en hoteles cercanos, el que premiaba con espacios generosos en los medios del grupo a los dóciles y castigaba con silencios cerrados a los indómitos, justificó su ausencia en que “el oficialismo no está dispuesto a hacer modificaciones”.
Una vez que los senadores se enteraron que Rendo los desconocía, procedieron a firmar el despacho, requisito necesario para que la media sanción de Diputados llegue al plenario de la Cámara alta el próximo viernes 9.Rendo, en nombre del CEO, Héctor Magnetto, y de la directora del grupo, Ernestina Herrera de Noble, cometió un error muy grave: le restó legitimidad al Congreso nacional para legislar sobre medios audiovisuales. ¿Lo hicieron desde la fuerza del multimedio o desde la impotencia para modificar las cosas? Magnetto, Herrera de Noble y Rendo jamás concibieron un debate sobre los medios sin el lobby de los medios. Arpa, Ata, Adepa y tantas entidades creadas a la medida de una concepción que perduró un cuarto de siglo: “la mejor ley (de medios) es la no ley”.
El silencio de Rendo fue acompañado por la edición de ayer de Clarín: ni una palabra sobre el faltazo al Senado. Ni siquiera el texto que sus mismos acreditados en el Congreso tuvieron disponible en la Sala de Periodistas y que surgió, precisamente, de las oficinas de la calle Tacuarí, donde tiene la sede Clarín.
El primer razonamiento es que Clarín hizo lo de siempre. Error. Hasta ahora, más allá de los deseos, tendían las redes y sacaban suficiente cantidad de pescados. Esta vez, se las llevan vacías.
El monopolio tenía un libreto que se fue derribando paso tras paso. Empezaron con que se trataba de un enojo personal de Néstor Kirchner que quiere comprarse todo. Siguieron con que no es legítimo que los diputados y senadores actuales se ocupen de las leyes, que para eso el pueblo votó el 28 de junio ¡Hay que esperar al 10 de diciembre! Después recurrieron a que TN puede desaparecer, como los amigos del barrio. Eso sí, que ninguno de los redactores o editores de las empresas del grupo hablen del origen de Felipe y Marcela, los hijos adoptivos de la directora.
Ahora quedaba la pelea por el desguace: que el Senado modifique el plazo de un año para que los monopolios se desprendan de algunas de las señales. Clarín quiere tres años; es decir, que se hagan efectivas recién después del cambio de gobierno, con la esperanza de forzar la ley y que un gobierno amigo de Clarín se ocupe de hacer la vista gorda cuando los testaferros queden a cargo. Pero entre esas pequeñas escaramuzas y este faltazo hay una distancia muy grande. Porque ya no se trata de pelear cosas puntuales.
Esta vez es un desconocimiento directo del Parlamento. Es, sin más ni menos, que una vuelta a las fuentes. Fueron los gobiernos dictatoriales, especialmente la dictadura genocida de 1976, la que le dio más privilegios a Clarín y, a su vez, la que embretó al grupo en la historia que más silencio requiere. Magnetto y Herrero de Noble no quieren que se hable de Papel Prensa pero mucho menos quieren que se hable del origen de Marcela y Felipe.
Quizá porque fue un pacto de sangre, quizá porque el Grupo, sin saberlo, entró en el pacto de sangre y silencio del que fueron –y son- parte muchos oficiales militares y civiles. Una nueva ley no significa sólo un conjunto de normas que disponen cursos legales para el futuro. Las leyes son el resultado de un ambiente social, de un clima de época.
Clarín acumuló poder trivializando hechos dramáticos y dramatizando historias menores, desplazando competidores, echando delegados, promoviendo energúmenos en las redacciones y en los programas de radio y televisión, extorsionando políticos y funcionarios públicos, evitando que sus socios de la AFA siquiera pudieran auditar las cuentas de la televisación del fútbol. Sus directivos evaluaron mal. Creyeron que los opositores serían su escudo protector y se encontraron con que los senadores radicales están que trinan porque los diputados de su partido hicieron al pie de la letra lo que quiso Clarín. Creyeron formar parte de los llamados poderes permanentes. Porque no dejaron casillero por llenar.
Desde Expoagro para ser parte del negocio sojero hasta la Asociación Empresaria Argentina, donde Clarín creyó que iba en tándem con Techint, pasando por la relación con el Episcopado. Pero, uno a uno, esos poderes tradicionales siguieron su curso sin intentar siquiera influir sobre los senadores o diputados que les resultan afines. Clarín dejó de lado que la historia de la lucha por esta ley lleva 26 años. Que así como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo lucharon por la Verdad y la Justicia, muchos comunicadores de radios truchas o de cooperativas, los académicos y los intelectuales, los sindicatos de periodistas y actores, querían esto que está por llegar. Fue una cuestión de tiempo. Pero sobre todo de derecho.
El derecho a la pluralidad de voces, a la multiplicidad de emisores. En definitiva, Clarín se llama a silencio porque, en el fondo, saben que la acumulación de privilegios y poder tiene un límite. Ahora, más allá de intentar trabar esto con presentaciones judiciales y desconocimientos fácticos, los directivos del grupo Clarín tendrán por delante tratar de evitar que las internas empresarias, editoriales y periodísticas estallen. Como a todos, les tocará vivir que la victoria tiene cien dueños y la derrota es guacha.

1 comentario:

Luis Quijote dijo...

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